Al igual que las personas y las empresas, los países también tienen una reputación, formada por los sentimientos de admiración, respeto y confianza de que son objeto por parte de los observadores internacionales. Esta reputación se construye a través de la experiencia, la comunicación procedente del país, lo que se dice del país en noticias u opiniones de terceros y, cuando se carece de otra información, los estereotipos forjados en el imaginario colectivo a través de los años. Leer