Una vez agotado el efecto positivo de la demanda turística embalsada, la economía se enfrenta a un otoño muy complicado. Por un lado, el consumo quedará lastrado por la subida de precios y el aumento de las cuotas hipotecarias. Por otro, la inversión se resentirá por las malas expectativas empresariales y los costes de refinanciación de la deuda. Junto a ello, un posible recorte de gasto público o una subida de impuestos daría la puntilla al crecimiento. Leer

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